Hitler es la víctima. Un viejo temeroso de su propia sombra que se ha convertido en el objetivo de Terror Billy. Y, aunque seas el mayor genocida de la historia, aunque hayas extendido el ejército nazi por todo el mundo, sometido los Estados Unidos y creado una tecnología letal que puede subyugar toda resistencia, si te has alzado como el enemigo principal de William J. Blazkowicz, tus horas están contadas. Y, además, seguramente tu final no sea pacífico e indoloro.

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     Blazkowicz es el protagonista de la saga Wolfenstein y lleva a cabo un particular viaje del héroe en las entregas de The New Order y The New Colossus, siendo esta la más reciente y en la que me quiero centrar. Y es que, aunque en The New Order ya da muestras de una brutalidad irrefrenable y una mentalidad un tanto peligrosa, la psique de Blazkowicz se desmorona completamente en su secuela. The New Colossus es el juego perfecto para liberar estrés: ponte a masacrar nazis, libera al oprimido pueblo de los Estados Unidos, bebe mientras hablas de revolución y destruye mechas fascistas a ritmo de rock ‘n roll mientras te sientes una especie de Estatua de la Libertad masculinizada, hipervitaminada y cargada de armas hasta las cejas. Y, sin embargo, en algunos momentos el protagonista llega a dar miedo.

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     Porque William J. Blazkowicz está loco. No sólo es un fanático y un psicópata, es que nada funciona bien dentro de su cabeza. Dispara a diestro y siniestro contra soldados, pero también contra científicos desarmados, carece de piedad, suelta comentarios jocosos mientras se deshace de sus víctimas, ríe cuando está cubierto de sangre… Empezamos el juego con nuestro protagonista despertando de un coma y, cuando aún no puede moverse, todavía convaleciente y en silla de ruedas, toma dos metralletas y empieza a vaciar cargadores. Después, reúne a una tropa de locos como él (¡por todos los dioses! Envía a su esposa, embarazada de gemelos y en última fase de gestación, a misiones suicidas) y dan rienda suelta a un salvajismo que sólo podría encontrarse en un grupo de psicópatas creativos jugando una partida de rol especialmente violenta. No tengo nada en contra de esto; disfruto de muestras mucho más sangrientas, como Crossed o The Boys, pero Blazkowicz ha logrado sorprenderme en su demencia.

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     Porque es una demencia buscada. Una locura que te hace pensar. Cuando toda su vida se resume en asesinar al enemigo (él mismo lo dice cuando le preguntan qué ha hecho durante los últimos años: matar nazis), acaba convirtiéndose en algo muy similar a ese enemigo. Carece de cualquier aprecio a la vida humana. Hay una historia con su padre, un padre que recuerda a un Hitler de pacotilla y que le sometió a una infancia llena de maltratos y violencia contra todos, y que parece haber marcado su forma de enfrentarse al mundo. Sabemos lo que hicieron los nazis y por eso disfrutamos masacrándolos en un videojuego, pero de repente nos damos cuenta de que nos hemos convertido en algo peor que la mayoría de ellos. Nuestro sadismo está por encima del de nuestros enemigos, nuestra lucha carece de sentido (no importa cuántos nazis mates, han conquistado el mundo, son el mundo) y no nos importa, porque sólo queremos asesinar cuanto sea posible antes de que llegue nuestro inevitable final – e incluso después de él -, y nosotros mismos nos acabamos por convertir, primero, en un Hombre del Saco para después transformarnos en un arma de destrucción masiva.

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     No sé aún qué hay al final de este camino de venganza, pero imagino que en Wolfenstein no existen los finales felices. Sólo sé que Hitler tiene motivos para estar asustado, porque el viaje convierte a nuestro soldado en una criatura de pesadilla que deja un rastro de cadáveres a su paso, que habla en ensoñaciones con aquellas personas que le forjaron tal y como es y que ahora están muertas y que él mismo sueña con morir porque su vida es la muerte y nada más. Y cuando The New Colossus es capaz de hacerte parar y pensar en aquello en lo que te has convertido, es cuando el juego trasciende su propia naturaleza y se alza con la victoria.