En un mundo donde los grandes estudios cada vez invierten mayores presupuestos capaces de competir con los manejados por producciones cinematográficas, aquellos con menos recursos deben recurrir a un elemento que nada tiene que ver con el dinero: el derroche de talento. En un E3 como el de este año 2018, lograr que un juego impacte rodeado de obras como Death Stranding, Spider-man, The Last of Us 2, Assassin’s Creed Odissey o Ghost of Tsushima se antoja, como poco, imposible. Sin embargo, Frogware Studios, junto a Bigben Studios, han logrado que su propuesta, The Sinking City, brille con luz propia en una feria marcada por los grandes anuncios.

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     En este E3 hay propuestas arriesgadas y The Sinking City es una de ellas. Empapado de mitología Lovecraftiana, pero sin ser un título oficial de los Mitos de Cthulhu, The Sinking City supone una reinterpretación de los relatos del escritor de Providence con una amplia libertad para construir su propia mitología. Manejamos a nuestro investigador en una ciudad inundada, donde los monstruos acechan y la locura aguarda tras cada descubrimiento.

     The Sinking City no es un open world, sino un open city: se ha creado una ciudad viva – a pesar de que está marcada por la muerte -, un pequeño ecosistema que sirve de territorio en el que llevar a cabo nuestras investigaciones. Sus habitantes ocultan secretos, pistas e indicaciones, y tendremos que hacer buen uso de ellas para avanzar en nuestra aventura. Y es que en el juego no contaremos con marcadores de ningún tipo, más allá de aquellos que nosotros mismos situemos sobre el mapa. Una interfaz limpia; en The Sinking City sólo estamos nosotros, la ciudad y los medidores de salud y cordura. Se busca así centrarnos en ese entorno que los chicos de Frogware se han esforzado en diseñar; una aldea con 1000 edificios de los cuales más de 300 serán accesibles. En su interior hallaremos monstruos, habitaciones secretas, sótanos anegados y multitud de elementos que llenarán de matices este pueblo, un pueblo que el propio Lovecraft habría soñado con investigar. Además, su exploración será muy vertical, ya que no sólo nos moveremos en las calles y edificios de la ciudad, sino también buceando hacia sus profundidades. Y, si algo hemos aprendido del horror cósmico, es que en lo insondable esperan los mayores peligros.

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     Otro elemento muy importante de The Sinking City es su sistema de misiones secundarias. Estas no son simples añadidos para multiplicar el número de horas de juego, sino que sirven para alimentar la historia principal y, sobre todo, otorgar de mayor vitalidad a esta ciudad caracterizada por sus secretos. Además, nos ofrecerán recompensas en forma de armas y dinero que nos facilitarán el camino de la trama principal… siempre y cuando no sucumbamos a la locura antes de cumplirlas.

     Porque la locura es un factor indispensable del juego. Como hicieran en su momento Call of Cthulhu: Dark Cornes of the Earth o Eternal Darkness, los horrores que se crucen en nuestro camino, los enfrentamientos con nuestros demonios y el descubrimiento de cadáveres o entornos de pesadilla afectarán a nuestra cordura y, cuando las cosas se pongan realmente feas, sufriremos alucinaciones, veremos cómo el tejido de la realidad se desgarra y, si no nos andamos con cuidado, acabaremos sufriendo el mismo destino que muchos de los personajes que protagonizan los Mitos de Cthulhu.

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     La libertad también supone un punto distintivo de The Sinking City. Libertad para elegir cómo llevar a cabo nuestra investigación, cómo enfrentarnos a nuestros enemigos y de qué forma interactuamos con los habitantes de la ciudad. Estas decisiones guiarán nuestra aventura en una u otra dirección para concluir en alguno de sus distintos finales. Además, nos ofrecerán la posibilidad de “rolear” nuestro personaje. En la demo, podemos elegir si aceptar el pago de una mujer desesperada porque encontremos a su marido o, en cambio, llevar a cabo esta misión sin pedir nada a cambio. Esto influirá tanto en nuestro bolsillo como en la forma en la que piensen de nosotros los vecinos de la ciudad. Esa libertad también contribuye a la hora de acometer una investigación, tanto principal como secundaria. De nosotros depende reunir más o menos pistas, y de estas pistas dependerá llevar a buen puerto nuestra misión o cometer errores durante la misma. Sin embargo, estos errores no nos llevarán a un game over, sino que nos harán ver sólo una parte del mosaico de The Sinking City o impedirnos atar todos los cabos sueltos de su compleja trama. Esta libertad a la hora de enfocar nuestra investigación recuerda a juegos como Deadly Premonition o Silent Hill: Downpour, que ponían a nuestra disposición sendos pueblos plagados de secretos y misiones y de nosotros dependía sumergirnos o no en ellos. Con una fórmula depurada, la investigación en The Sinking City del pueblo y sus misterios puede alcanzar niveles muy innovadores.

     Esta aventura de terror en tercera persona palpita en el corazón de la feria del E3 al más puro estilo de los horrores de Dunwich o Innsmouth: sin hacer mucho ruido, creciendo despacio, a espaldas del gran público, reuniendo cada vez más fuerza y corrompiendo las almas de aquellos que, por un instante, deciden volver la mirada desde las obras que acaparan toda la atención a estos pequeños proyectos que nos exigen indagar un poco más. Por desgracia, aún tendremos que esperar hasta el 21 de Marzo de 2019 para recibir esta joya en PC, PS4 y Xbox One con los brazos abiertos, como cultistas que asisten, por fin, al alzamiento de ese Dios Primigenio que llevan esperando décadas.

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