Hace tan poco más de una semana que Nintendo Switch salió por fin al mercado y, a pesar de los fallos y pantallazos azules ocasionales que pululan por la red, la consola ya es un éxito de ventas. Y es que tampoco era muy difícil superar el récord de su predecesora, la Nintendo Wii U, pero según el CEO de la compañía, Reggie Fils-Aime, Switch ya ha superado las cifras de cualquier otra consola de Nintendo.

Y como todo proceso natural, ahora llegan los vídeos y artículos de comparativas: ¿Qué es mejor, Xbox One, PS4 o Switch? ¿Cuál deberíamos comprar? La guerra de consolas es una cuestión eterna en los videojuegos y Sony y Microsoft siempre se han prestado a ello, pero… ¿es justo comparar Switch con las demás? Nosotros creemos que no.

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Cada paso que Sony y Microsoft dan dejan más claro que buscan la potencia gráfica. No en vano ambas han desarrollado una evolución de su consola principal: PlayStation Pro, que ya salió en noviembre del año pasado y Project Scorpio, de la que todavía no hay fecha de lanzamiento. De las dos se ensalza sus especificaciones técnicas: 4K, teraflops, núcleos de CPU… Sin embargo, la base es siempre la misma: una pantalla, una consola y un mando.

Nintendo, ya se sabe, es una compañía de innovación. Consiguió reunir a todo tipo de jugadores alrededor de la Wii, apostó por un sistema diferente con la Wii U (aunque no le saliera bien la jugada) y ahora nos ha vuelto a traer un concepto diferente, reuniendo consola de sobremesa y portátil en la Nintendo Switch. La nueva incorporación no se caracteriza por tener unas excelentes especificaciones técnicas, pero Nintendo no vende potencia: vende experiencia de juego.

Admitámoslo: el poder jugar en la televisión con mando y luego poder continuar la partida tranquilamente en la cama, con la pantalla apoyada y los joy-cons en las manos es una gozada y algo que ni Sony ni Microsoft pueden ofrecernos (aunque Sony lo medio intentase con PS Vita). La versatilidad de su diseño ofrece muchas opciones y potencia especialmente el multijugador local, ese que Nintendo se ha esforzado tanto en destacar en su publicidad. Todo esto también se traduce a los juegos: pese a que el catálogo de lanzamiento no es precisamente extenso, tiene propuestas que no se parecen a lo que veríamos en otras consolas, y no lo decimos únicamente porque sean exclusivos de Nintendo.

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Splatoon para Wii U ya revolucionó el género shooter: las bombas y las balas fueron sustituidas por pistolas de pintura y el juego contentaba tanto a aquellos que querían eliminar al oponente como a aquellos que simplemente querían pintar hasta el último metro cuadrado del mapa. Y la secuela vuelve en Switch con más armas, más mapas y más habilidades: razón más que suficiente para comprarlo. Tampoco podemos obviar, por supuesto, el The Legend of Zelda: Breath of the Wild, la nueva aventura de Link que nos da por primera vez un mundo abierto a la vez que homenajea a anteriores juegos de Zelda.

Sin embargo, tampoco nos engañemos. Switch todavía tiene fallos y aún le queda por mejorar: pantallas arañadas por la base, píxeles muertos, poco rango de wifi, joy cons que se desincronizan… Suficiente para que, aquellos que os estéis preguntando si comprarla o no os planteéis esperar a que Nintendo arregle estos defectos. Sin embargo, desde Kabuki os aconsejamos que no pongáis a Nintendo Switch al mismo nivel de PlayStation y Xbox. Y no porque Nintendo nos haya pagado: ya nos gustaría. No os fijéis tanto en el número de píxeles o la CPU de Switch. Pensad que es otro tipo de entretenimiento: ni mejor ni peor, simplemente diferente. 

¿Que tendríamos que nadar en dinero para costearnos una Xbox o PS y una Switch con sus consiguientes juegos? También es cierto. Pero, al final, vosotros elegís qué clase de diversión queréis.

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